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El mangostán y la ciencia


EL MANGOSTÁN




El mangostán es una fruta púrpura pequeña del tamaño de una mandarina cuya cáscara tiene una textura similar a la de una granada. En Tailandia se le conoce como la “reina de las frutas “y es valorada en el mundo por su sabor y su valor medicinal. En India, Tailandia y China, los preparados hechos con la cáscara se utilizan como tratamientos antimicrobianos y antiparasitarios para la disentería y otros tipos de diarreas infecciosas.


Las cualidades astringentes de la planta también son útiles en la prevención de la deshidratación y la pérdida de los nutrientes esenciales del tracto gastrointestinal de las personas que sufren diarrea. Los tailandeses aprovechan las propiedades antimicrobianas del mangostán para tratar heridas infectadas, tuberculosis, malaria, infecciones urinarias, sífilis y gonorrea. En Asia, hace mucho tiempo que se conoce que el mangostán tiene fuertes propiedades antiinflamatorias y, por lo tanto, es efectivo en el tratamiento de enfermedades cutáneas eccematosas e hiperqueratósicas como soriasis y seborrea.


En el Caribe, en té de mangostán, conocido como “eau de Creole”, se utiliza como tónico para la fatiga y los bajos estado de energía, síntomas universales que experimentan millones de personas en el mundo. Los brasileños utilizan un té similar como agente de desparasitación y agente digestivo. En Venezuela, las infecciones parasitarias de la piel se tratan con emplasto s de la cáscara de la fruta, mientas que los filipinos usan un preparado de la fruta para controlar la fiebre. A pesar de que la fruta del mangostán se conoce en muchas partes del mundo desde hace siglos, recién ahora se descubrió en América del Norte es el primer beneficiario de los descubrimientos médicos; sin embrago, en este caso, es el último. Afortunadamente, el conocimiento del mangostán se está difundiendo rápidamente y se está comenzando a conocer en países que están muy lejos de donde se cultiva.


LA CIENCIA


Entre los médicos alopáticos, es muy común el escepticismo y la falta de conocimiento sobre la curación natural. Esta deficiencia no es intencionada sino más bien un producto de la capacitación, que les enseña a considerar a los fármacos como el principal tratamiento de las enfermedades. Los fármacos, no están diseñados para realizar varias funciones en el organismo como generalmente hacen los productos “botánicos” (agentes terapéuticos derivados de las plantas).


De hecho, la medicina alopática enseña que hay un único fármaco para un único problema. Por lo tanto, la mayoría de los médicos simplemente no creen que un único agente pueda tener varios efectos terapéuticos. Este sesgo puede llevar a los “profesionales” a un profundo escepticismo de los productos de origen vegetal. De lo que se deduce que cuanta mayor amplitud tengan los efectos de un producto de origen vegetal, mayor es el escepticismo médico profesional.


Cuando el Dr. David Morton me habló del mangostán hace ya más de tres años, al principio tuve mis dudas con respecto a las diversas aplicaciones medicinales. Parecía demasiado bueno para ser cierto. El Dr. Morton había investigado la fruta exhaustivamente y había recolectado cerca de cuarenta artículos periodísticos que trataban sobre el poderoso potencial medicina de la fruta. Sin embargo, sentía curiosidad por los posibles resultados que el mangostán podría tener en la práctica clínica y necesitaba mi ayuda para continuar su trabajo. Antes de poder administrar un producto con mangostán a mis pacientes, necesitaba examinar la evidencia científica y estar satisfecho con respecto a la seguridad de la planta si se utilizaba diariamente. El Dr. Morton me envió la información que tenía y pronto tuve todos los artículos escritos sobre esta fruta llamada mangostán, una planta sobre la que nunca había oído hablar antes de responder la llamada telefónica del Dr. Morton. Comencé a estudiar la investigación de inmediato e identifiqué rápidamente la base de todos los estudios. Artículo tras artículo, conocí una nueva clase de sustancias biológicamente activas: las xantonas.


La xantona es un compuesto químicamente activo que se encuentra en la cáscara y en la pulpa de la fruta del mangostán. Químicamente hablando, las xantonas son polifenoles. Sus moléculas poseen una estructura cíclica conjugada de seis carbonos con múltiples enlaces dobles de carbono, que hacen que la molécula sea muy estable. Esta estructura evita que las propiedades de la xantona se destruyan cuando se calienta.


De la más de doscientas xantonas que se conocen en la naturaleza, más de cuarenta están presentes en el mangostán. No se ha identificado a ninguna otra planta que posea tantas xantonas como el mangostán. Además de la complicada definición científica anterior, ¿qué es una xantona? Bueno, entre sus tantos atributos, algunas xantonas tienen fuertes propiedades antioxidantes. Déjeme explicarle y por qué los necesita el organismo.


En el organismo existe un proceso peligroso que ocurre infinidad de veces por segundo todos los días. Este proceso se llama oxidación, el mismo proceso que oxida y corroe el hierro. Aunque la oxidación es tal vez la acción más perjudicial que ocurre regularmente en el organismo, es, curiosamente, el resultado de la actividad más vital del mismo. La oxidación se produce porque debemos tomar oxígeno a medida que metabolizamos (transformamos los alimentos que ingerimos en enlaces químicos ricos de energía). Podemos usar otro término para la oxidación para explicar el daño que ésta produce: el envejecimiento.


La oxidación es quizás la razón fundamental por la que envejecemos porque una consecuencia de la oxidación es la producción de radicales libres. Los radicales libres son partículas del tamaño de un átomo que causan daños importantes en el organismo. No son sólo producto de la oxidación, sino que también se encuentran en los agentes contaminantes de los alimentos que ingerimos, el agua que bebemos y el aire que respiramos. Los radicales libres son átomos que carecen de electrones que atacan las células saludables de nuestro organismo quitándoles electrones. Se calcula que el ADN (el material genético) del núcleo de cada una de nuestras billones de células recibe más de diez mil ataques de radicales libres por día. El punto para recordar de todo esto es que el daño es producido por estos innumerables ataques a nivel celular de los radicales libres contribuye a todos los tipos de enfermedades, desde resfríos hasta cáncer. Aquí es cuando las xantonas pueden intervenir para protegernos. Al actuar como antioxidantes, las xantonas pueden proteger las células de nuestro organismo absorbiendo los ataques de los radicales libres y reducir así el daño a nuestras células. Las xantonas se encuentran entre los antioxidantes más potentes y más disponibles a nivel biológico.

Por ejemplo, en ciertos experimentos de laboratorio algunas xantonas del mangostán tuvieron un mejor rendimiento que la vitamina E en lo que a capacidad antioxidante se refiere. Sin embargo, las xantonas no son las únicas sustancias biológicamente beneficiosas del mangostán. Las catequizas y otras clases de polifenoles, otros antioxidantes potentes, están presentes en cantidades importantes.

Otros ingredientes clave como los polisacáridos son responsables de algunos de los efectos antibacterianos y antimicóticos del mangostán que se observaron en los experimentos. Incluso la composición química del color de la fruta aumenta su eficacia medicinal. Los pigmentos de colores intensos de la planta, al igual que aquellos responsables del tono púrpura del mangostán, son la fuente de muchos fitonutrientes beneficiosos. Estos compuestos fitonutrientes se conocen por ser biológicamente activos y por estar presentes en la fruta del mangostán.


Numerosos artículos periodísticos de escuelas de medicina y farmacia proporcionan evidencia de laboratorio que confirma la potencia antioxidante de las xantonas del mangostán, su actividad contra cultivos de varios cánceres humanos y su capacidad para atacar hongos, virus y bacterias. Incluso las bacterias Staphylococcus aureus, resistente a la meticilina (SARM), y Enterococcus, resistente a la vancomicina (VRE), fueron destruidas por las xantonas del mangostán bajo condiciones controladas de laboratorio. Ningún antibiótico que está a la venta puede brindar protección efectiva contra estas bacterias. Pero hay motivos para creer que un simple complemento alimenticio podría hacerlo. De esta manera, la evidencia científica del siglo XXI nos ayuda a valorar mejor la sabiduría antigua de Hipócrates, que recomendaba, “Que los alimentos sean tu medicina…”


Dr. J. Frederic Templeman (2005)